Nacional
Capos caidos, trofeo de FCH en IV informe
Publicada por TijuanaHOY el: 2, 9, 2010
Dos minutos bastaron para dar cuenta de uno de los años más difíciles en la historia de los 200 que celebrará México como nación independiente.
El secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, titubeó al referir el artículo constitucional para la entrega del cuarto Informe presidencial, el documento más importante de rendición de cuentas del gobierno federal.
Con apuro, regaló tres rondas de apretón de manos a Francisco Ramírez Acuña, Manlio Fabio Beltrones, Dolores del Río y Cleominio Zoreda; una por el saludo, otra por la entrega del documento y la tercera de despedida.
Hacía unos momentos que, en el cuarto de al lado, los diputados federales de todos los partidos evidenciaban en televisión nacional su incapacidad para llegar a acuerdos mínimos, como nombrar a la Mesa Directiva, si se toman en cuenta las decisiones que tendrán en sus manos como el paquete económico 2011 y la elección de tres consejeros más del Instituto Federal Electoral (IFE).
En el ir y venir de la coyuntura política los diputados han modificado a su antojo la Constitución de México.
Así, la anterior Legislatura canceló el “día del Presidente” y a cambio se puso sobre la mesa la necesidad de un debate entre el Ejecutivo y el Legislativo.
Esa reforma se dio bajo el argumento de que la confrontación sólo los llevaba a dar espectáculos lamentables con tomas de tribuna y agresiones físicas.
Hoy, los actuales diputados, otros, quieren reinstalar el formato del 1 de septiembre, y obligar nuevamente al presidente de la República a asistir al pleno, a leer su informe y a que le respondan.
Rompen acuerdo del silencio
Ayer miércoles, en poco más de 30 minutos, el Congreso de la Unión —con la presencia inicial de 339 diputados de 500, y 98 senadores de 128— instaló un nuevo periodo de sesiones y decretó cumplido el trámite constitucional de entrega del Informe presidencial.
Los senadores eran testigos inmóviles del choque entre diputados.
No hubo toma de tribunas, tampoco pancartas de protesta, pero el hilo está tenso y, de no llegarse a un acuerdo antes del domingo, es probable que ambas cosas puedan darse.
Sólo cuatro voces del Partido del Trabajo y Convergencia rompieron el acuerdo de silencio del recién denominado “mandarinato” en San Lázaro.
Gerardo Fernández, Jaime Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo del PT, junto a Pedro Jiménez, coordinador de Convergencia en la Cámara baja, coincidieron en que el pleno está sometido a las órdenes de los líderes parlamentarios.
“No somos borregos y no tenemos pastores”, dijo Muñoz Ledo.
“Estamos voluntariamente subordinándonos al Poder Ejecutivo”, dijo el legislador Jaime Cárdenas.
“El parlamento es para parlar, hablar, discutir, para proponer, también para criticar”, comentó Pedro Jiménez.
Fernández Noroña enlistó los temas que se quedaron sin debatir en la sesión del 1 de septiembre: inseguridad, militarización de las calles, desempleo, educación, pobreza, desesperanza, hambre.
Y reclamó que el Congreso se quede inmóvil ante la campaña de publicidad del presidente Calderón en la que presume sus logros de gobierno.
El resto de los diputados y senadores los escucharon con respeto.
En el Twitter, la diputada del PRI Carolina Viggiano y el senador del PAN Federico Doring admitieron que lo que sucedió ayer fue un exceso por falta de acuerdos, y que el renunciar a debatir evidencia la falta de espíritu republicano.
Pero al final, todo fue trámite. Ramírez Acuña daba por cumplida la obligación presidencial de presentar su informe de actividades, mientras los legisladores ya de pie, seguían abrazándose, platicando, presentando a sus esposas y posando ante las cámaras.
Cárdenas advirtió que el poder Legislativo voluntariamente acepta subordinarse al presidente de la República.
Jiménez de León dijo en tribuna que un parlamento tiene la obligación de hablar, discutir, proponer y criticar.
“No sé a qué le tienen miedo. Venir aquí simplemente a cumplir una formalidad, nos convierte en burócratas”, dijo el legislador Pedro Jiménez.
Después, más trámite.
Las diferencias políticas que arrastran los legisladores del Congreso de la Unión desde las pasadas elecciones estatales fueron tan evidentes que después de entonar el Himno Nacional en el pleno nadie lanzó el tradicional “¡Viva México!”. El silencio se impuso.
EL Universal






